Esta expresión se usa para describir una traición, mala jugada o ataque traicionero, lo cual desencadena para el traicionado una sensación de desengaño e ingratitud. Aunque, en su sentido literal, hace referencia a la herida causada con arma blanca, sobre todo a la que llega por la espalda y pilla desprevenido.
Aunque la frase tiene que ver con una puñalada, no tiene relación alguna ni con ningún trapo
ni con ningún trapero. Su origen exacto no está del todo claro y existen varias hipótesis. Hay quien la relaciona con los traperos, antiguo oficio de recoger trapos y objetos viejos, a quienes en algunos lugares se atribuía mala fama y rivalidad por la competencia, una explicación poco aceptada por los especialistas pese a la coincidencia del adjetivo trapera. Otros proponen que la expresión alude a la cuchillada dada a traición cuando el arma se lleva oculta entre trapos como una manta o una chaqueta, imagen verosímil que pudo contribuir a su difusión. La opción más sólida es la familiar de trapaza y trapacería, palabras que hacen referencia al engaño y que apuntan a un origen trapacero, aunque en la expresión aparece una eme que no está en trapacero, detalle que ha abierto la puerta a una posible base onomatopéyica de trampa vinculada al chasquido del cepo. También encontramos que circula una leyenda popular que sitúa el origen de la expresión en la población de Úbeda (Jaén) por la rivalidad de dos familias, una de ellas apellidada Trapera, y que la mayoría de etimólogos considera una leyenda urbana.

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