𝗘𝗫𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗘𝗦𝗣𝗔Ñ𝗢𝗟𝗔𝗦 𝗖𝗢𝗡 𝗡𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡𝗔𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦

divendres, 16 de juny del 2023

INTRODUCCIÓN

El actual blog presenta un compendio de múltiples y variadas expresiones populares, que podrían muy bien significar un buen resumen de la idiosincrasia propia de nuestro país. Evidentemente muchos encontrarán que faltan unas cuantas. Algunas las he obviado porque al investigarlas he descubierto que que no presentaban un origen o éste no estaba muy claro y, en consecuencia, he decidido prescindir de ellas conscientemente. Por tanto, no se trata de una omisión por desconocimiento, sino una decisión personal, ya que mi intención era dar una información más completa y al no encontrar ningún origen conocido, a mi parecer, se quedaban un poco cojas. Otras, simplemente, se me habrán pasado o no las he considerado interesantes.

El castellano, al igual que todas las lenguas, se ha nutrido desde siempre de un numeroso ejército de expresiones, frases hechas, adagios, refranes, aforismos, proverbios o modismos. Todas estas formas de expresión, la mayoría de orígenes populares, están repletas de un bagaje cultural que, sin duda, la han dotado de una riqueza inconmensurable. Los orígenes de todos estos tipos de expresión son muy diversos. Proceden de variados ámbitos como el mundo taurino, la religión, el ejército, el juego, el mar, la agricultura, el deporte, la política, la historia, el arte, la literatura, costumbres, personajes, etc. que muchas veces responden a lo que se denomina "uso figurado" del lenguaje, y que casi siempre se basan, sin querer y sin pretensiones, en recursos que en literatura se usan más a propósito: metáforas (tener mala leche), comparaciones (estar como un cencerro), metonimias (tener veinticinco primaveras) o hipérboles (ser alto como un pino). En la mayoría de casos, la expresión original no tiene nada que ver con el uso que se hace de ella actualmente y han perdido su significado anterior. Muchas de estas expresiones las conocemos y las usamos. Lo que probablemente no sabremos es cual es su origen, algunas nos resultarán interesantes, curiosas, simpáticas e incluso divertidas o descubriremos que no provienen de donde nosotros creíamos, otras, por el contrario, proceden de crueles costumbres y muestran el lado oscuro del ser humano.

Es muy probable que las jóvenes generaciones, no solo no sepan qué significan estas expresiones, sino que tampoco las hayan oído y, por tanto, no las usen. Las lenguas van evolucionando constantemente y por el camino se van dejando palabras y expresiones que, pasado un tiempo, resultan ignotas e incomprensibles. No es algo anormal pues en todas las generaciones ha ocurrido lo mismo. La diferencia, desgraciadamente, es que el vocabulario y léxico que usan estas nuevas generaciones es cada vez más pobre y reducido, lo cual provoca que la lengua se debilite cada vez más. El problema más grave no es que no usen una serie de palabras o expresiones, sino que se manejan con un porcentaje muy reducido de ellas para comunicarse y simplifican la lengua. Así que va por ellos este blog.

Estas expresiones que aquí se presentan aparecen de manera alfabética. He procurado ser muy preciso y conciso en dos aspectos: de un lado, en el significado actual de cada frase y, de otro lado, en su origen. En este apartado he intentado no alargarme demasiado ni dar demasiados datos, como sí hacen otros autores. Hay ocasiones en que lo que se puede decir de ellas es tan extenso y tan interesante que ocuparía mucho espacio. Ahora bien, si la lectura de la entrada da pie a alguien para ampliar la información, perfecto. Hay que advertir que algunas de esas expresiones existen con diferentes verbos, lo comento por si alguien ha escuchado una expresión con un verbo distinto ya que será igual de válido. Además, no he usado ejemplos para explicar esas frases, ya que he tratado de dar una explicación lo más clara posible para no necesitarlos.

Cuando tratamos de decir en una lengua que no es la nuestra, alguna de estas expresiones surge, a menudo, un problema. En la mayoría de las ocasiones éstas las traducimos sin más y al hacerlo no pensamos que dichas expresiones encierran un acervo cultural que no tienen por qué compartir las lenguas a las que intentamos trasladarlas. Es entonces cuando nos damos cuenta (malo si no nos pasa) de la barbaridad que estamos cometiendo, pues el significado literal de lo traducido no tiene nada que ver con la lengua destinataria. Existe una expresión italiana, traduttore, traditore, que se traduce como “traductor, traidor” y hace referencia a la imprecisión que hay implícita del acto de traducir. Umberto Eco afirma, con mucha razón, que hay que entender que al traducir no se dice siempre lo mismo sino “casi lo mismo". La elasticidad de ese “casi” es fundamental porque sólo el buen traductor sabe cómo puede estirar una traducción. Si esto pasa con palabras que no presentan dificultad, al tratar de traducir estos modismos podemos vernos en serios problemas. Hay unos libros muy divertidos de Ignacio Ochoa Santamaría y Federico López Socasau (From Lost to the River y sus secuelas Speaking in Silver, Shit Yourself Little Parrot y Like Fish in the Water), donde se traducen al inglés muchas de estas expresiones y, aunque son muy divertidas, son tremendamente ilustrativas del ridículo que podemos hacer.

Es más, si tratamos de representar literalmente estas expresiones, transformándolas en imágenes nos daremos cuenta de la barbaridad que aparece reflejada. Hace unos cuantos años realicé un experimento a través de un blog junto a mis alumnos, donde además de traducir una serie de expresiones desde el valenciano al castellano, francés e inglés aparecían éstas convertidas en imágenes para que pudiéramos comprobar lo que acabo de decir unas líneas arriba. 

Finalmente, para ver si la expresión que intentamos conocer está en el blog, basta con introducirla en el buscador. Si la expresión no aparece, probablemente es porque no la he considerado interesante. También puede suceder que la expresión empiece por otro verbo u otra palabra, aunque aún así deberá aparecer. Para ver el compendio de expresiones que he incluido, mirando en el listado que hay a la derecha podremos comprobar si la que se busca está o no. Sin más preámbulos iniciamos el listado. 

¡A BUENAS HORAS, MANGAS VERDES!

Esta expresión la utilizamos cuando la solución a un problema llega cuando éste ya está resuelto o, directamente, cuando ya se ha zanjado y ya no se puede solventar. Tiene, pues, sentido de llegar tarde.

El origen se refiere a cuando Isabel la Católica creó el primer cuerpo policial de España, la Santa Hermandad, tras su aprobación en las Cortes de Madrigal en 1476. Este cuerpo de policía actuó entre los siglos XV y XIX y fue constituido para prestar auxilio en cualquier tipo de emergencias. Este grupo de soldados se caracterizó por llevar un uniforme con las mangas de este color, por ello, también se les conocía como los “mangas verdes”. Aunque en un principio este cuerpo de defensa era muy efectivo, con el tiempo se dice que comenzaron a perder cualidades. Relatan los cronistas de los siglos XVI y XVII que este cuerpo se ganó a pulso la fama de impuntualidad. Generalmente, cuando llegaban al lugar requerido para prestar el auxilio ya se habían cometido los desmanes y siniestros. Y a veces tardaban tanto que los vecinos del pueblo habían resuelto el problema por eso la gente les reprochaba diciendo: ¡A buenas horas, mangas verdes! La frase ha quedado para expresar en sentido peyorativo la demora y llegada tardía de un auxilio, que o bien impidió solventar el problema o afortunadamente se pudo solucionar sin esa ayuda.

 

¡A MÍ, PLIN!

Es una expresión coloquial usada para indicar que a algo no se le da ninguna importancia. Con esta expresión queremos expresar que algo nos importa un bledo, o que nos importa un comino, es decir, que nos es indiferente, nos da igual, no nos importa ni nos afecta.

La palabra “plin” es una deformación del apellido Prim. Los inicios de esta expresión datan de la época de la Revolución Gloriosa (1868) cuando se produjo una sublevación militar en España que supuso el destronamiento y exilio de la reina Isabel II. Uno de los grandes protagonistas de aquella revolución fue Juan Prim, general del ejército y político de ideas liberales, antiborbónico y líder progresista. Tras la revolución de 1868, la gente cuando expresaba sus posicionamientos políticos a favor de los progresistas y congeniando con las ideas del general Prim, la gente decía “a mí, Prim”, para aclarar que no le interesaban las argumentaciones de monárquicos o conservadores.

Lo que resulta un tanto complicado de explicar es que el grito de afirmación hacia un político derivara en un gesto entre despectivo y pasotista, dando a entender que a uno se la trae al pairo lo que ocurra a su alrededor. Parece que la expresión la popularizaron los sainetes y comedias de Carlos Arniches que, en estas obras de tanto éxito entre la gente común, retrató los ambientes del Madrid popular y de los barrios bajos. La expresión, puesta en boca de chulapas y chulapos venía a decir muchas veces que a alguien no le interesaba un partido amoroso o cualquier otra cuestión, porque ya tenía su propia preferencia. Parece que Arniches estaba parodiando esa expresión, deformándola ligeramente. Así que con el tiempo, tras perder su significado original, la gente fue alterando la pronunciación de este apellido hasta convertirlo en ‘plin’.

Otros autores prefieren negar este origen y sostienen que es una de las muchas frases elaboradas en función de su sonido o sin ningún significado en absoluto.

¡ADELANTE CON LOS FAROLES!

Esta expresión manifiesta el firme propósito de una persona de iniciar, continuar o perseverar a toda costa en lo ya comenzado, a pesar de los obstáculos que puedan presentársele. Se usa también como expresión de coraje y valor, para infundir ánimo o estimular a alguien que intenta hacer o proseguir algo, sobre todo cuando se trata de un proyecto muy difícil, arriesgado, que exige mucha reflexión o que parece imposible de llevar a cabo; ante un esbozo de desfallecimiento o abandono.

En realidad la expresión original era “¡Adelante con los faroles, que atrás vienen los cargadores!” y está relacionada con las antiguas procesiones españolas, en las que iban adelante los encargados de iluminar con faroles, antorchas o cirios y luego los cargadores o costaleros, que eran quienes llevaban la imagen de la Virgen o el Santo que se veneraba. Parece ser que el dicho tiene que ver con la organización de las procesiones, en las que abren el desfile los portadores de los faroles o antorchas que iluminaban el camino ya que, en muchas ocasiones, los caminos no se encontraban en perfectas condiciones por lo que se animaba a los portadores a iluminar el camino y abrir paso a los porteadores. Se usaba para insuflar ánimo para salvar algún obstáculo o a superar el cansancio, continuando la marcha, o bien a olvidarse de cualquier pendencia o distracción que les pudiera apartar del motivo o el itinerario de la procesión. De este ámbito más restringido, la frase pasó a uno más general, utilizándose comúnmente como interjección de ánimo ante cualquier signo de desfallecimiento o abandono en cualquier acción. Hay quien ve en esta expresión una relación con otra ("Acabar como el rosario de la aurora") que comentaremos más adelante y que hace referencia a una pelea a farolazos al coincidir dos procesiones en una calle estrecha y querer pasar los primeros al no
haber acuerdo alguno.

¡MUCHA MIERDA!

Esta escatológica expresión se utiliza mucho en ambientes teatrales como forma de desear suerte en la función. Aunque hoy en día se ha extendido a otros campos siendo frecuente su uso fuera de este ámbito y así, se le puede desear desde al que se va a examinar hasta a quien va a iniciar un nuevo programa televisivo. Es equivalente a la expresión “buena suerte” que se desea en otros países.

Hay dos orígenes más o menos similares y aceptados.

Por un lado, está la versión que especula con que el origen se remonta a la Edad Media, cuando los artistas eran ambulantes e iban con sus carromatos de pueblo en pueblo. Si en las afueras de una localidad descubrían grandes cantidades de estiércol, podían saber si allí se celebraba un mercado, una feria o fiesta importante, y por tanto, mucha gente y público potencial para ver sus representaciones y en consecuencia más recaudación. Por tanto, merecía la pena detenerse para hacer su espectáculo. El deseo entonces, entre los compañeros de gremio, era que encontrasen mucha mierda en el siguiente pueblo, quedando la expresión abreviada que ha llegado a nuestros días.

Por otro lado, está la creencia de que el origen se remonta al Siglo de Oro español, y más concretamente a los Corrales de comedia, donde se representaban las obras por parte de los artistas. Siempre había nervios entre los actores y actrices por saber si asistiría mucha gente o no a la obra, y en especial, gente de dinero puesto que eran quienes más donativos daban al final de la representación. Al comienzo de la función alguno de los artistas se asomaba a la puerta de entrada para comprobar cuanto excremento había, pues cuanto mayor era la presencia de caballos mayor número de excrementos había y, por tanto, mayor era el número de espectadores posibles y mayor recaudación. Esto era algo muy importante, porque como no se cobraba entrada, su sustento dependía del dinero que, concluida la función, los espectadores lanzasen al escenario. Los miembros de la compañía se agachaban a recoger las monedas lanzaras por el público y de ahí dicen que viene otra expresión teatral de aparente paradójico significado: “rómpete una pierna” (es decir, que tengas mucha suerte y te rompas la pierna de tantas veces que tengas que flexionarla para recoger el dinero recaudado o para saludar al público).

Desde entonces, es habitual en el mundo del espectáculo escuchar esta expresión como forma de desear suerte y éxito en la función. Del mundo teatral ha pasado a otros escenarios de la vida, especialmente cuando tenemos que enfrentarnos a alguna prueba o reto.

 

¡OJO AL PARCHE!

Con esta expresión se reclama la atención absoluta a algo que va a decirse y se dice para dar más énfasis, intensidad e importancia a la intervención y a lo que ésta comunica.

En realidad la locución original es “Oído al parche” y originariamente proviene del ámbito militar. El “parche” al que se refiere es la membrana de piel del tambor, concretamente a la parte sobre la que golpean las baquetas (palillos) que resuena cuando se golpea y se utilizaba para indicar a los miembros de la tropa (soldados) que debían estar atentos a las instrucciones de los mandos a través del sonido del tambor. Cuando un mando militar decía a sus soldados ‘oído al parche’ les estaba indicando que se mantuvieran alerta de las instrucciones a través de los redobles de tambor que el tamborilero haría. Dependiendo de cómo era el toque las órdenes serían unas u otras (ataque, disparar, retirada…), de ahí que se le requería a la tropa esa atención especial, para evitar confusiones y disponer de anticipación para tener tiempo para quitarse de en medio o para posicionarse bien de cara a un enfrentamiento exitoso.

No hay constancia del momento en que el oído fue sustituido por el ojo. ¿Pudieron influir las imágenes de aquello piratas con un ojo tapado?, no se sabe. Con la expresión “ojo al parche” puede parecer que la dicción es errónea por no utilizar el órgano auditivo con la palabra parche como sinónimo de tambor, sin embargo, aquí ese ¡ojo! significa prestar atención' o vigilar lo que le da mismo significado que la expresión original.

 

¡NARANJAS DE LA CHINA!

Es una exclamación rotunda que usamos para referirnos a una persona que en el momento de hablarnos, nos relata algo imposible que nos cuesta creer, ya sea porque se lo está inventando o está agrandando cosas a esa historia. Por lo tanto, denota incredulidad, escepticismo y un cierto rechazo.

Antiguamente la gente no creía que fuera posible traer naranjas en buen estado desde un país tan lejano como China (aunque aquella región sea, de hecho, de donde proceden originariamente las distintas especies de cítricos que cultivamos en nuestras tierras, como es el caso de nuestra querida naranja). Por ello, cuando algún frutero afirmaba que las naranjas que vendía procedían de aquel remoto país, la gente se lo tomaba como una invención, fruto de la fantasía y del afán comercial del individuo, pero algo evidentemente imposible (para los medios de transporte de aquella época, claro).

 

¡QUE SI QUIERES ARROZ, CATALINA!

Esta expresión la usamos cuando al preguntar algo a alguien recibimos la callada por respuesta o cuando esa persona hace caso omiso a lo que se le está diciendo. También cuando pedimos que alguien realice algo que se queda sin hacer.

Aunque no hay mucha literatura sobre su origen, se dice que en tiempos de Juan II de Castilla (1406-1454), residía en Sahagún (León) un judío converso, casado con una mujer llamada Catalina, a la que le gustaba tanto el arroz que lo consumía a diario, y no solo eso, sino que lo recomendaba a todos como el remedio ideal para cualquier indisposición, como si de una panacea se tratara. Un día Catalina cayó enferma y como rechazara todo tipo de medicamentos que intentaban darle, le preguntaron si quería tomar un poco de arroz, ya que sentía tanta debilidad por él. No contestaba nada, ya que se encontraba en un estado muy grave y no le quedaban fuerzas ni para responder a la pregunta, o si lo hacía era con monosílabos ininteligibles. Repitieron varias veces la pregunta sus seres más queridos, durante el tiempo que duró la enfermedad, haciéndolo en voz alta y diciendo: “¡Que si quieres arroz, Catalina!”. Pero Catalina parecía que hacía oídos sordos y no respondía y así falleció sin responder.

¡QUIÉN TE HA VISTO Y QUIÉN TE VE!

Exclamación con la que queremos hacer patentes los cambios que ha habido en una persona, tanto físicos como particularmente los cambios de opinión; por eso nos referimos a que causa asombro la comparación entre esa persona de antaño y la de ahora. Por un lado puede indicar la volubilidad de nuestros pensamientos y por el otro hacer referencia al declive de nuestro aspecto.

El origen de esta expresión lo encontramos siguiendo las fuentes históricas, en un pueblo de Ávila en tiempos de las revueltas de las Comunidades de Castilla, a partir del relato del obispo de Mondoñedo, fray Antonio de Guevara. En ese pueblo había un clérigo de origen vasco, partidario y ferviente defensor del líder de la revuelta Juan de Padilla. Dicho clérigo señalaba en sus sermones, desde el púlpito, al comunero como el verdadero rey de Castilla, indicando que el actual rey, Carlos I, era un tirano, Con ello dejaba patente la simpatía con la que lo veía. El problema fue que el propio rebelde Juan de Padilla apareció allí con sus tropas y, tal como era la costumbre de la época, requisó las bodegas y despensas del lugar para abastecer a sus huestes.

Escarmentado por lo que acababa de suceder, una vez que se fue, el clérigo vasco subió de nuevo al púlpito y habló al pueblo, pero en esta ocasión cambió el discurso radicalmente. En esa nueva homilía no tuvo empacho en señalar a Juan de Padilla como una mala persona, ya que cuando pasó por allí sus soldados no le habían dejado gallina viva, ni tocino, ni estaca, ni tinaja sana. Por esta razón recomendaba a los fieles que, en adelante, no deberían rogar a Dios por él, sino por el rey don Carlos y la reina doña Juana que son los únicos reyes verdaderos,

Es decir que como había sufrido una merma en sus posesiones, ahora ya no era merecedor de su apoyo y en consecuencia sí lo merecían los reyes; mostrando así el egoísmo con que exponía sus argumentos. De ahí que surgiera de labios del pueblo castellano ese dicho.

¡VIVA LA PEPA!

Cuando usamos esta expresión lo hacemos para indicar desenfado, regocijo, jolgorio, alboroto y excesos. También lo aplicamos para señalar a quienes tienen un carácter despreocupado, pero sobre todo para dar a entender que en algún lugar reina un total y completo descontrol y desorden.

Su origen es político. Durante el periodo de ocupación francesa, el rey Fernando VII fue obligado a abdicar en favor del hermano de Napoleón. En este periodo, además de combatir al ejército francés, los representantes del pueblo se reunirán en Cádiz y el 19 de marzo de 1812 promulgaran la primera Constitución española que, aunque muy progresista para la época, apenas pudo ponerse en práctica. Dos años más tarde, el rey Fernando VII, tras su regreso a España, abolió la Constitución de Cádiz y se prohibieron los gritos a su favor. Lejos de someterse a esa medida arbitraria, sus partidarios encontraron la forma de referirse a ella sin necesidad de mencionarla: como había sido promulgada el día 19 de marzo, festividad de San José, la bautizaron la Pepa y así fue como surgió el grito de ”¡Viva la Pepa!” para reemplazar el de “¡Viva la Constitución!”, considerado entonces subversivo.

Cabe destacar que esta expresión se convirtió posiblemente en el primer lema político español de la Edad Contemporánea.

 

¿QUIÉN TE HA DADO VELA EN ESTE ENTIERRO?

Es una expresión familiar que usamos para censurar que una persona se inmiscuya en asuntos que no le importan, o tome parte en un acto o conversación para el que no fue llamado o invitado o no es de su incumbencia. Este rechazo, además, se suele expresar de un modo despectivo.

Proviene de la antigua costumbre de dar velas por parte de la familia de un difunto, a los amigos y conocidos de éste que acudían al entierro o cortejo fúnebre, en el camino que va desde el lugar de velatorio hasta el cementerio. Las personas que recibían dicha vela eran las más allegadas a la persona fallecida que, además, se situaban inmediatamente detrás del féretro durante el trayecto. El hecho de que alguien que no formaba parte del entorno más cercano al fallecido se colocara en esa zona en el trayecto del cortejo fúnebre, despertaba el recelo sobre quién lo había invitado a estar allí, y por tanto, de quién le había dado una vela para situarse como parte del séquito.

Hay otra interpretación del origen de la expresión que dice que la vela a la que se refiere esa locución, no es el cirio con el que el séquito acompañaba al finado en su cortejo fúnebre, sino al hecho de velar al difunto, es decir, personarse y permanecer en el velatorio sin tener relación conocida con el fallecido.

 

A BUEN ENTENDEDOR, POCAS PALABRAS BASTAN

Esta expresión indica que aquellas personas inteligentes o despiertas no necesitan recibir demasiados datos para entender algo, por lo que diciéndoles unas pocas palabras deducirán fácil y rápidamente el mensaje sin necesidad de entrar en detalles, basta una mera insinuación para comprender y actuar en consecuencia. Se suele emplear solamente la primera parte del dicho, con la intención de advertir de forma sutil o eludir decir algo que no se desea manifestar con claridad. Ahora bien, dependiendo del contexto, este dicho puede tener una connotación positiva o negativa, puede ser tanto una advertencia como un insulto.

Su origen podemos encontrarlo, por una parte, en su expresión latina Intelligenti pauca, es decir, “a los inteligentes, pocas cosas”. Y por otra, remontándonos a la Antigua Roma, época en la que el comediógrafo latino Tito Maccio Plauto la plasmó en una de sus sentencias: “al sabio, una sola palabra le basta”, ensalzando el amor y fascinación que en aquellos tiempos se tenía hacía el valor del conocimiento y la sabiduría.

Ligada a esta expresión encontramos una historia, convertida hoy en día casi en fábula, que afirma que en una audiencia que el cardenal Mazarino, diplomático y político francés, concedió a un mendigo, este último debía explicarse en tan solo dos palabras. El mendigo, que entendió a la perfección el mensaje, se dirigió hacia el cardenal y pronunció su discurso: “Hambre, frío”. A lo que Mazarino respondió, girándose hacia su secretario: “Comida, ropa”. Tras esta breve pero satisfactoria conversación, el cardenal Mazarino sentenció “a buen entendedor, pocas palabras”.

A CABALLO REGALADO, NO LE MIRES EL DIENTE

Este refrán nos recomienda que al recibir un regalo, se debe adoptar una actitud de satisfacción, alegría y agradecimiento, incluso aunque no sea de nuestro agrado. Hay que evitar la descortesía que supone analizar exhaustivamente la calidad del obsequio, por tanto no se debe de buscar defectos, aspectos negativos, ni criticar el mismo. Todo lo contrario hay que recibirlo con agrado y agradecerlo por el gesto.

Este proverbio tiene su origen en las ferias de ganado, durante la compraventa de caballos. Esta era una actividad esencial, y como no había documentos oficiales que certificaran la edad de un equino de manera precisa, era recurrente que se intentara vender animales enormes tal y como si fuesen mucho más jóvenes. Pero los expertos empleaban un método para calcular con bastante aproximación la edad de los caballos ya que les miraban la dentadura, porque ésta se acaba desgastando conforme el caballo va cumpliendo años. De esta manera, podían conocer cosas como la edad, la salud, procedencia, el tipo de dieta que ha llevado… Es decir, básicamente podían valorar al animal solo mirándole los dientes.

Si alguien tenía la fortuna de que le regalaran uno, estaba muy mal visto que le mirara los dientes.

 

dimarts, 13 de juny del 2023

A CADA CERDO LE LLEGA SU SAN MARTÍN

Este refrán indica que a cada uno le llega el tiempo de pagar o satisfacer sus faltas, todo se paga, tarde o temprano. Nadie queda impune pues, antes o después, quien ha obrado mal recibe su merecido como respuesta por los actos cometidos.

La frase se refiere a los cerdos, que viven felices, mientras sus dueños los ceban, hasta el día de la matanza. Desde hace muchos siglos se tenía el convencimiento de que la mejor fecha para realizar la matanza del cerdo era alrededor de la festividad de San Martín de Tours (11 de noviembre). La semana de San Martín, previa a la llegada de los días de más frío y las nevadas, era la elegida como perfecta para realizar el sacrificio del cerdo, además es el día de referencia para el fin del año agrícola y el comienzo del nuevo año agrícola, día en el que se dan por finalizados los contratos de arriendos; por ello, la llegada de San Martín significa el fin de un ciclo y el comienzo de otro. Aunque actualmente el sacrificio se retrasa hasta la llegada del frío, (ayuda a conservar la carne) ya más próximo a diciembre, por lo que no necesariamente coincide con esa época.

Así pues, como el cerdo era un animal concebido para el engorde y posterior matanza, de forma natural nació la expresión a todo cerdo le llega su San Martín.

 

A CARA DE PERRO

Esta locución la usamos para indicar que el enfrentamiento, la contienda, la competición o la situación de la que se trate, se hace de forma muy reñida, ruda, agresiva, sin concesiones ni contemplaciones ni delicadezas, con un altísimo grado de hostilidad y dureza y con la intención de ser implacable. La persona muestra una actitud dura y cruda, en la que se destaca la fortaleza tanto de su expresión corporal como de lo que señala con palabras.

Esta expresión proviene del comportamiento que exhiben los perros cuando estos se sienten incomodados o atacados, los cuales muestran sus colmillos mientras fruncen el ceño como una señal de advertencia o amenaza, refiriéndose a la semejanza en el semblante del rostro o en la conducta agresiva de esa persona. La expresión se refiere a la actitud del perro guardián, que ladra y muestra los colmillos al sentirse amenazado o cuando debe defender la propiedad.

A DIESTRO Y SINIESTRO

Esta locución la usamos para decir que algo se hace sin tino, sin discreción ni miramiento y sin seguir un plan premeditado. Significa a derecha e izquierda, es decir, a todos lados y en gran cantidad. Frecuentemente, también se aplica al hecho de repartir en abundancia, sin límites. También es correcto decir “a diestra y siniestra”.

La palabra “siniestro” parece llevarnos a confusión, porque actualmente el significado más común que le damos es avieso y malintencionado. Pero una de sus acepciones cultas sirve para denominar el lado izquierdo, de hecho, este era el significado originario del latín “sinister”, Como siempre se tiende a hacer un tabú de todo aquello con connotaciones negativas, el español acabó por dejar casi en desuso este adjetivo con el significado de “izquierdo” y lo reemplazó por el euskera “ezker”, que cuando pasó al castellano se convirtió en izquierda. En cambio, “derecho” proviene de la raíz latina “directus”.

Así que la palabra latina “dexter” y su antónimo “sinister”, en la España romanizada, por siglos, se usaron para nombrar a las manos y sus lados asociados, por lo que no es descartable que el uso de esta locución pudiera tener un origen militar asociado al uso de la espada cuando se presentaba una confrontación.

A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO

Esta expresión se dice cuando deseamos algo y nos encomendamos a Dios, pero haciendo a la vez todo aquello que esté en nuestra mano por lograr lo que pretendemos. Invoca, por un lado, la importancia de trabajar y esforzarse para conseguir lo deseado, y por otro lado la ayuda de la gracia divina. Es decir, guarda el equilibrio entre espiritualidad y acción. Este refrán servía para advertir a las personas de los riesgos de caer en la pereza o la indolencia, dejando todo en manos de una divinidad superior. Así "con el mazo dando" se refiere al trabajo y esfuerzo y no debe interpretarse como una indicación de violencia, tal como algunas personas, inclusive políticos, erróneamente concluyen.

Con el paso del tiempo ha ido transformando su significado refiriéndose a las personas hipócritas religiosas que utilizan una doble moral, ya que siendo muy beatas hacen lo contrario de lo que predican. Es decir, predican una cosa y hacen la contraria. En la actualidad, ambas opciones conviven en el mismo refrán, creando una ambigüedad semántica bastante interesante.

Respecto a su origen hay dos teorías. Una de ellas nos habla de un carretero que llevaba un carro cargado y que se le rompió en el camino por donde venía San Bernardo, a quien le rogó, por la fama de la santa vida que hacía, que Dios por su intercesión le arreglase el carro. Dicen que el santo le dijo: “Yo le rogaré a Dios, amigo, y tú entre tanto da con el mazo”.

Otra teoría señala que un escultor tenía que hacer unas estatuas y pensaba que con decir “Dios quiera que se hagan”, era suficiente, hasta que le dijo su padre: “A Dios rogando y con el mazo dando”.


A ENEMIGO QUE HUYE, PUENTE DE PLATA

Este refrán significa que debemos facilitar la huida o la retirada al que nos molesta u ofende. Originalmente se decía que hay que facilitar la salida de un enemigo que pueda causar daño para que se retire, una vez vencido, sin ensañarse con él. Es mejor poner fin al conflicto y dejar que el enemigo se vaya, a continuar con el enfrentamiento sin haber necesidad de ello ya que los problemas, cuanto más lejos, mejor.

El origen de esta expresión, tan repetida, se atribuye a Gonzalo Fernández de Córdoba llamado El Gran Capitán (1453-1515), conquistador de Nápoles, cuando negoció la rendición de la fortaleza de Loja durante la conquista del reino árabe de Granada. Éste utilizaba esta máxima militar frente a sus tropas como mandato para evitar los obstáculos y facilitar la huida del enemigo vencido. Como tal, es una frase que recomienda liberarse de los enemigos o toda persona que pueda o desea causar algún mal o daño.

A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS

Este aforismo indica que cuando nos enfrentamos a un problema o situación grave, se deben tomar medidas drásticas, extraordinarias o extremas para solucionarlo. También se emplea para indicar que todas las desgracias pueden tener una solución.

El origen de este aforismo hay que buscarlo en una cita del famoso médico griego Hipócrates, quien sugería que, en casos extremos de enfermedad, los remedios extremos son los más efectivos (“Ad extremos morbos, extrema remedia exquisite optima”).

Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta paremia no siempre es aplicable en todas las situaciones, especialmente en aquellas en las que las soluciones extremas pueden tener consecuencias negativas o indeseables y, por lo tanto, es importante evaluar cuidadosamente la situación y considerar todas las opciones antes de tomar medidas drásticas.

A LA CHITA CALLANDO

Esta locución significa realizar una acción con mucho sigilo, con mucho cuidado, con disimulo, en secreto y sobre todo en silencio para no llamar la atención.

Hay diversas teorías sobre su origen. Una de ellas hace referencia al juego de las chitas. La chita es la denominación que se le da al hueso astrágalo o “taba” de la pata de los corderos. El juego consiste en poner derecho una chita o taba en un sitio determinado, y tirar a ella con tejos o piedras: el que la derriba gana dos tantos, y el que da más cerca, uno. Era practicado por niños y adultos, pero cuando estos últimos lo hacían, eran muchas veces objeto de apuestas, las cuales fueron prohibidas y como es de adivinar, hubo quienes siguieron apostando a escondidas “a la chita callando”.

Otra teoría se remonta a la época almorávide de la dominación musulmana, cuando éstos introdujeron en la Península Ibérica un tipo de caza en la que se utilizaba al “chita”, más conocido como guepardo. Este felino domesticado se utilizaba para cazar por su agilidad y ferocidad. Cuando Alfonso X decidió prohibir su uso con fines cinegéticos, muchos cazadores siguieron usándolo de manera furtiva o a escondidas, y al hacerlo así se refirieron a ella como "cazar con la chita callando" o de una manera silenciosa.

La última teoría defiende que derivaría del verbo "chistar" como onomatopeya de mandar callar: "¡Chist!" que es un gesto sonoro que utilizamos para imponer silencio cuando hay un gran griterío que queremos acallar y que se suele acompañar poniendo el dedo índice perpendicular a los labios.

INTRODUCCIÓN

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